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Sun 12 Nov 2017

COLORISMO FRANCÉS, BATUTA INTERNACIONAL

Madrid. 10-XI-2017. Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial. Juanjo Mena, director. Benedetto Lupo, piano. Idylle de printemps de Delius; Printemps, de Debussy y Concierto para la mano izquierda y Daphnis et Chloé, de Ravel. Orquesta Sinfónica y Coro RTVE.

   Además del concierto que nos ocupa, este final de año estamos de suerte porque en diciembre la actividad de Juanjo Mena (1965) se desdoblará en el Auditorio Nacional de Música de Madrid, por dos veces y con orquestas diferentes (la Nacional de España y la Sinfónica de Madrid), y en el Baluarte se pondrá al frente de la Sinfónica de Navarra. Entre medias ofrecerá en su sede de Manchester un complejo programa de Shostakovich con la BBC Philharmonic. Todavía tenemos en mente el maratón de Mena abriendo la Quincena Donostiarra y el Festival de Santander con tres conciertos junto a la Filarmónica de la BBC el pasado agosto, lo que demuestra hasta qué punto el artista es capaz de dilatar su agenda y, sin embargo, obtener unos magníficos resultados musicales.

   Se inició el concierto con sendas obras de Frederick Delius (1862 -1934) y Claude Debussy (1862-1918). El primero, compositor inglés de distintas adopciones, entre ellas la francesa, por lo que se ha considerado grandemente influenciado por su contemporáneo –mucho más conocido e interpretado- Debussy. Idylle de Printemps (1889), y Printemps (1913) son obras ambas muy homogéneas en sus caracteres pastoral y bucólico. La interpretación de Mena destacó por la fluida sucesión de cromatismos, que abren el paso a melodías en constante desarrollo que el maestro supo insuflar y dosificar -a manera de leitmotivs-, relevándolos por otros nuevos. En la dirección de Mena, todo fluye, no hay encorsetamientos preestablecidos. Su concepción de ambas partituras contempla una lectura pictórico-puntillista, remarcada en la lejanía por el piano tocado a cuatro manos, donde la calidad del sonido es lo primero, cuidando la malla sonora de la sección de cuerda, los juegos coloristas del viento-metal y del viento-madera, así como el tratamiento de las dinámicas.

   A la muerte de Debussy (1918), Maurice Ravel (1875-1937) fue considerado en adelante como el más grande compositor francés vivo, y uno de los mejores orquestadores de todos los tiempos, aunque se permitiera el lujo de rechazar el nombramiento de Caballero de la Legión de Honor en 1920. Si aceptó en cambio la proposición del pianista Paul Wittgenstein (1887-1961), que había perdido el brazo derecho debido a heridas de guerra, para componer el denominado Concierto en re mayor para la mano izquierda, que muestra tres secciones (lento-rápido-lento), en oposición a lo habitual (rápido-lento-rápido). Benedetto Lupo soslayó con maestría y virtuosismo las dificultades inherentes a este concierto, manteniendo una réplica de poder a poder, constante y obstinada frente a la orquesta, tanto en sonoridad como en su carácter acusadamente rítmico. Juanjo Mena supo concertar piano y orquesta, llevando al extremo las dinámicas en las entradas y salidas de la orquesta, así como para acompañar al instrumento solista. Desde el punto de vista técnico, la utilización prodigiosa de una sola mano no es óbice para resaltar el cuidadoso trabajo que Lupo realiza en el pedal para sostener los acordes y las notas de la melodía mientras las notas del acompañamiento en el registro grave, consigan que el sonido del piano suene como música a tocada dos manos. Igual ocurre en las cadencias finales, donde la maestría de Lupo consigue mover la mano de uno a otro extremo del teclado -en rápida sucesión de arpegios- y, al mismo tiempo, resaltar una melodía superpuesta. La obra fue muy aplaudida por el público, por lo que Benedetto Lupo concedió una propina, muy en la línea del concierto, la Pavana para una infanta difunta (1899), de Ravel.

   En aquellos tiempos, las presentaciones de los Ballets Rusos causaban furor en París. El director del conjunto, Serguéi Diáguilev (1872-1929), encargó a Ravel el ballet Daphnis et Chloé, subtitulado como Sinfonía coreográfica, con presencia de coros que cantan al modo vocalise. Daphnis y Chloé es una recreación de los amores de un pastor y una cabrera en la Grecia antigua. Se trata de la obra de mayor duración del compositor, y por ello fue la más laboriosa, dada la orquestación de orfebre que caracteriza a todas las composiciones de Ravel. La acotación que en este concierto aparece como “ballet completo” se debe a que incluye las partes corales, cosa que Diáguilev no hizo cuando llevó a Londres esta obra en 1914, lo que enfadó profundamente a Ravel. La función del coro está destinada básicamente a crear una atmósfera sonora que recrea personajes, situaciones o estados de ánimo, tarea que el Coro de RTVE realiza con credibilidad.

   Daphnis et Chloé es una obra que tiene mucho que dirigir, precisar y matizar. Juanjo Mena realiza una lectura muy planificada y técnica, profundamente apasionada, atendiendo a las diferentes atmósferas que en ella se contemplan y resaltando las exuberantes armonías que denotan un estilo netamente impresionista. Su entrega, superlativa y efectista, fluye y se destila en la orquesta gracias a su técnica de dirección basada en una expresión corporal completa que va mucho más allá de las indicaciones gestuales habituales. Mena consigue todo ello, además de obtener de la orquesta una calidad de sonido impresionante.

   En definitiva, una velada para recordar, y no sólo por el repertorio. Es muy de agradecer que una batuta reconocida de forma tan internacional, como es la de Juanjo Mena, pueda degustarse frecuentemente en nuestro país –nos consta que el artista deja en su agenda siempre un hueco para ello- en la mayor parte de enclaves concertísticos que sea posible.


Óscar del Saz