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Wed 17 Jan 2018

Claude Debussy Pordenone - Teatro Comunale Giuseppe Verdi: Benedetto Lupo in concerto

 

A Benedetto Lupo bastano poche note per mettere in chiaro le cose: lui non è il solito pianista e il suo non è il solito Debussy. La mano è leggerissima, sembra non affondare mai sulla tastiera ma scivolarci sopra, e il suono che ne esce, di una morbidezza appena ovattata, è pur nella sua intrinseca bellezza quanto di più naturale e sincero si possa immaginare.

Ci si chiede, ascoltandolo, cosa lo tenga lontano dai “giri che contano”, o almeno lo privi di una stabile consuetudine con le ribalte più prestigiose che sembrerebbero essere la residenza più adatta per un musicista di questo spessore.

Il concerto monografico che ha celebrato Claude Debussy (che moriva nel marzo di cent’anni fa) ha rivelato al pubblico del Teatro Comunale Giuseppe Verdi di Pordenone un pianista che è innanzitutto un virtuoso della tecnica – perché del suono si è già detto, ma c’è poi un dominio assoluto della tastiera, una tenuta ritmica che non si concede la minima sbavatura, il controllo di ogni singola nota anche laddove ce ne siano tantissime da mettere insieme – e non di meno è interprete asciutto, essenziale. Ogni retaggio del Debussy ammiccante e sentimentale, tutto indugi, allusioni e rubatoni, è dimenticato, cancellato. Rimane solo la musica. Nessun compiacimento nell’agogica, che è mossa quel tanto che basta per dissipare il rigore, nessuna sottolineatura: quanto è bello ascoltare quegli echi pentatonici delle Pagodes immergersi e riaffiorare dal tessuto armonico senza la smania di buttarli per forza sotto i riflettori, o le cascate di note di Mouvement (prima serie delle Images) scorrere così limpide e cristalline. E poi c’è un gusto per il piccolo gesto, per il dettaglio minuscolo a scapito dei grandi contrasti e delle esasperazioni espressive e dinamiche, le cui modulazioni sono ottenute attraverso l’incisività e la brillantezza del tocco anziché il vigore.

L’impressione che si ha, a fine concerto, è quella di avere ascoltato un devoto servitore della musica, perché una tale perfezione esecutiva può nascere solo dal rigore di chi rispetta in modo quasi ossessivo l’arte cui si pone di fronte, che lavora su ogni singola battuta finché non riesce come deve.

Insomma Debussy ringrazia, e con lui il pubblico pordenonese, che ha salutato trionfalmente il pianista a fine concerto e l’ha poi sequestrato nel foyer.

Il 30 e 31 gennaio Benedetto Lupo riproporrà lo stesso programma per la stagione cameristica del Teatro La Fenice, consigliatissimo.

La recensione si riferisce al concerto di domenica 14 gennaio 2018

Paolo Locatelli

Codalario.com

Sun 12 Nov 2017

COLORISMO FRANCÉS, BATUTA INTERNACIONAL

Madrid. 10-XI-2017. Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial. Juanjo Mena, director. Benedetto Lupo, piano. Idylle de printemps de Delius; Printemps, de Debussy y Concierto para la mano izquierda y Daphnis et Chloé, de Ravel. Orquesta Sinfónica y Coro RTVE.

   Además del concierto que nos ocupa, este final de año estamos de suerte porque en diciembre la actividad de Juanjo Mena (1965) se desdoblará en el Auditorio Nacional de Música de Madrid, por dos veces y con orquestas diferentes (la Nacional de España y la Sinfónica de Madrid), y en el Baluarte se pondrá al frente de la Sinfónica de Navarra. Entre medias ofrecerá en su sede de Manchester un complejo programa de Shostakovich con la BBC Philharmonic. Todavía tenemos en mente el maratón de Mena abriendo la Quincena Donostiarra y el Festival de Santander con tres conciertos junto a la Filarmónica de la BBC el pasado agosto, lo que demuestra hasta qué punto el artista es capaz de dilatar su agenda y, sin embargo, obtener unos magníficos resultados musicales.

   Se inició el concierto con sendas obras de Frederick Delius (1862 -1934) y Claude Debussy (1862-1918). El primero, compositor inglés de distintas adopciones, entre ellas la francesa, por lo que se ha considerado grandemente influenciado por su contemporáneo –mucho más conocido e interpretado- Debussy. Idylle de Printemps (1889), y Printemps (1913) son obras ambas muy homogéneas en sus caracteres pastoral y bucólico. La interpretación de Mena destacó por la fluida sucesión de cromatismos, que abren el paso a melodías en constante desarrollo que el maestro supo insuflar y dosificar -a manera de leitmotivs-, relevándolos por otros nuevos. En la dirección de Mena, todo fluye, no hay encorsetamientos preestablecidos. Su concepción de ambas partituras contempla una lectura pictórico-puntillista, remarcada en la lejanía por el piano tocado a cuatro manos, donde la calidad del sonido es lo primero, cuidando la malla sonora de la sección de cuerda, los juegos coloristas del viento-metal y del viento-madera, así como el tratamiento de las dinámicas.

   A la muerte de Debussy (1918), Maurice Ravel (1875-1937) fue considerado en adelante como el más grande compositor francés vivo, y uno de los mejores orquestadores de todos los tiempos, aunque se permitiera el lujo de rechazar el nombramiento de Caballero de la Legión de Honor en 1920. Si aceptó en cambio la proposición del pianista Paul Wittgenstein (1887-1961), que había perdido el brazo derecho debido a heridas de guerra, para componer el denominado Concierto en re mayor para la mano izquierda, que muestra tres secciones (lento-rápido-lento), en oposición a lo habitual (rápido-lento-rápido). Benedetto Lupo soslayó con maestría y virtuosismo las dificultades inherentes a este concierto, manteniendo una réplica de poder a poder, constante y obstinada frente a la orquesta, tanto en sonoridad como en su carácter acusadamente rítmico. Juanjo Mena supo concertar piano y orquesta, llevando al extremo las dinámicas en las entradas y salidas de la orquesta, así como para acompañar al instrumento solista. Desde el punto de vista técnico, la utilización prodigiosa de una sola mano no es óbice para resaltar el cuidadoso trabajo que Lupo realiza en el pedal para sostener los acordes y las notas de la melodía mientras las notas del acompañamiento en el registro grave, consigan que el sonido del piano suene como música a tocada dos manos. Igual ocurre en las cadencias finales, donde la maestría de Lupo consigue mover la mano de uno a otro extremo del teclado -en rápida sucesión de arpegios- y, al mismo tiempo, resaltar una melodía superpuesta. La obra fue muy aplaudida por el público, por lo que Benedetto Lupo concedió una propina, muy en la línea del concierto, la Pavana para una infanta difunta (1899), de Ravel.

   En aquellos tiempos, las presentaciones de los Ballets Rusos causaban furor en París. El director del conjunto, Serguéi Diáguilev (1872-1929), encargó a Ravel el ballet Daphnis et Chloé, subtitulado como Sinfonía coreográfica, con presencia de coros que cantan al modo vocalise. Daphnis y Chloé es una recreación de los amores de un pastor y una cabrera en la Grecia antigua. Se trata de la obra de mayor duración del compositor, y por ello fue la más laboriosa, dada la orquestación de orfebre que caracteriza a todas las composiciones de Ravel. La acotación que en este concierto aparece como “ballet completo” se debe a que incluye las partes corales, cosa que Diáguilev no hizo cuando llevó a Londres esta obra en 1914, lo que enfadó profundamente a Ravel. La función del coro está destinada básicamente a crear una atmósfera sonora que recrea personajes, situaciones o estados de ánimo, tarea que el Coro de RTVE realiza con credibilidad.

   Daphnis et Chloé es una obra que tiene mucho que dirigir, precisar y matizar. Juanjo Mena realiza una lectura muy planificada y técnica, profundamente apasionada, atendiendo a las diferentes atmósferas que en ella se contemplan y resaltando las exuberantes armonías que denotan un estilo netamente impresionista. Su entrega, superlativa y efectista, fluye y se destila en la orquesta gracias a su técnica de dirección basada en una expresión corporal completa que va mucho más allá de las indicaciones gestuales habituales. Mena consigue todo ello, además de obtener de la orquesta una calidad de sonido impresionante.

   En definitiva, una velada para recordar, y no sólo por el repertorio. Es muy de agradecer que una batuta reconocida de forma tan internacional, como es la de Juanjo Mena, pueda degustarse frecuentemente en nuestro país –nos consta que el artista deja en su agenda siempre un hueco para ello- en la mayor parte de enclaves concertísticos que sea posible.

GBOpera Magazine

Mon 12 Jun 2017

Concerto dell’Orchestra Filarmonica del Teatro La Fenice con Riccardo Frizza e Benedetto Lupo

"Assolutamente straordinaria è stata l’esecuzione del concerto di Ravel – un lavoro progettato nel 1929 e portato a termine nel 1931 –, dove hanno brillato, oltre al solista, anche singoli strumenti e singole sezioni dell’orchestra, a rendere lo spirito di questa musica – ricca di spunti tematici stilisticamente eterogenei, che spaziano dal folklore francese e iberico al mondo del jazz –, di cui lo stesso compositore sottolineò, in una dichiarazione, i tratti brillanti e sereni: una musica volutamente lontana dal carattere drammatico e contrastato del concerto romantico, pur restando all’interno del classico modello della forma-sonata e, per certi versi, guardando alla chiarezza mozartiana. Benedetto Lupo ha affrontato i passaggi più esuberanti e pirotecnici di questo lavoro con tocco cristallino e brillante; un tocco che diveniva morbido e trasparente negli squarci di tenue malinconia. Il solista ha intessuto con l’orchestra – che sapeva corrispondergli rendendo appieno ogni raffinatezza, ogni colore creato da quel vero mago dell’orchestrazione che era Ravel – un dialogo serrato, in cui solista e strumentisti – complice il direttore – respiravano insieme. Successo trionfale, in particolare per il pianista, che ha concesso un fuoriprogramma raveliano: la Pavane pour une infante défunte, eseguita con giusto accento patetico, ma senza sdolcinature, mandando in estasi la platea."

Umbria Libera

Tue 23 Jan 2018

Benedetto Lupo e Debussy, un viaggio nel simbolismo

 Un programma integralmente debussiano, al pianoforte, è un bell’impegno, sia per chi suona che per chi ascolta.
Al Morlacchi, ieri pomeriggio, quaranta minuti di prima parte e trentacinque di seconda. E trattandosi di Debussy, l’autore che forse più di altri ha sondato i misteri della percezione visiva e acustica dei fenomeni naturali, occorreva anche la magia.

Gli Amici della Musica di Perugia, per celebrare il primo centenario della morte del grande musicista francese, si sono affidati alla mano magistrale di Benedetto Lupo, uno degli artisti che rappresenta al meglio le qualità espositive di un pianismo di grande qualità.

Oltretutto, in un’integrale debussiana, le scelte sono obbligate, ma ci sono anche spazi per inserzioni preziose. Evitando la prosodia dei Preludes, pannelli paludati e celebrati in ogni dove, Lupo ha puntato tutto su Images e Estampes, raccolte in cui il simbolismo debussiano ha toccato quelle zone remote dell’ascolto esteriore, della percezione visiva e tattile, che si fanno poi risonanza interiore. Con le mille possibilità che si offrono all’ascoltatore di farsi un suo quadro di riferimento dove distillare quel che più lo ha colpito, si tratti di luce di colore o di rifrazione.

L’intelligenza programmatica di Lupo ha previsto un inizio di concerto suggestivo al primo impatto. Si trattava delle tre “Images oublieès”, brani scritti da un musicista trentenne, ma già programmatici di quelli che saranno ulteriori sviluppi di poetica: l’incantesimo, la rievocazione della “grandeur” della Francia e il gioco infantile come metafora della impostazione della propria esistenza. Ecco quindi un Lento iniziale, misterioso come tanta musica debussiana, con sonorità immerse in quelle acque oscure dove i filamenti delle meduse sfiorano anemoni e coralli, un mondo sommerso dalle sonorità attutite, con ombre che si proiettano in una sinistra proiezione duttile e guizzante. Qui il pianismo di Lupo si è subito caratterizzato per quella sonorità vaporosa, acquorea e volatile che è propria di un interprete che entra in immediata consonanza col suo autore di elezione. Da lì, la successiva visione di un quadro del Louvre e la citazione della melodia infantile sono state le logiche conseguenze del progetto esecutivo.

Con una straordinaria capacità di concentrazione Lupo ha svolto, nella prima parte della serata, la contemplazione dei tre luoghi fantastici delle Estampes (1903) e della prima serie di Images (1905). Non possiamo dar torto a chi sostiene che Debussy è sempre eguale a se stesso, ma, anche se è vero, ci fa piacere immergerci in questo mondo senza tempo, dove è l’acqua che sembra far rintoccare lo scorrere delle ore, come in quel celebre dipinto di Dalì, dove i quadranti degli orologi si liquefanno, come un elogio allo “sciogliersi” del tempo.

Tirato il fiato per una ventina di minuti, perché anche noi ascoltatori avevamo bisogno di una pausa, ecco il rientro di Lupo per la seconda serie di Images, del 1907. E’inutile volersi scrollare di dosso i quadri degli Impressionisti, vicinanza che a Debussy dava molto fastidio. Ma come non pensare a loro quando la tastiera si fa tappeto di foglie morte, contempla la luna su un tempio cambogiano immerso nella vegetazione e si incanta davanti a due pesci d’oro, immobili perché laccati su una superficie nera? Il pianoforte sfiora, mormora, sussulta e Lupo dirige il traffico dei suoni con impeccabile controllo. Sfiorando, in “Poisson d’or”, il virtuosismo di scrittura sonora.
Chiusura con il “meno noto”, la ridda di Masques-maschere, un carnevale di un non celato sapore spagnolo che potrebbe far pensare al Picasso del periodo dei pagliacci. Indi un misterioso Esquisse-schizzo, edito solo nel 1901, un canopo isolato, quasi un mormorio senza risonanza. E, meno male, lo scintillante Isle joyeuse-isola gioiosa, troppo chiassosa per essere la sonorizzazione delll’Embarquement pour Cithére di Watteau. Meglio pensare all’isola fortunata della maga Alcina e ai suoi concreti incantesimi sui Paladini.

Sorridente e soddisfatto Lupo ci lascia con un bis, un altro Debussy, il valzer “La plus que lente”, languore da cafè chantant, luogo ideale per “l’uomo in frac”.

La Presse/Lanaudière

Sun 19 Jul 2015


Seul élément à retenir de la soirée d'hier à Lanaudière: Benedetto Lupo dans le Concerto pour piano de Scriabine.   Deux mouvements rapides y encadrent un mouvement lent formé de quatre variations. Le tout s'écoute bien, surtout dans l'interprétation à la fois brillante et raffinée de Benedetto Lupo, … -               Claude Gingras

National Post Toronto

Mon 19 Jan 2015

Benedetto Lupo & Toronto Symphony Orchestra


Before intermission we heard the Italian Benedetto Lupo in the Piano Concerto No. 23. The second theme of the first movement was more curvaceous and interesting when he played it than it had been in the orchestral exposition. His solo work in the Adagio projected a firm sort of melancholy. -                                                        Arthur Kaptainis